¿Te imaginas un país sin trabas al autoconsumo?

Te imaginas que un buen día decides bajar el precio de tu factura de la luz o poner unas placas fotovoltaicas en tu casa y todo son facilidades. Te imaginas que a unas paradas de metro o de bus hay una oficina donde te atienden y te explican cómo hacerlo. Es mucho imaginar, pero en esas oficinas podrías llegar y explicar cuál es tu problema y qué quieres; que si en la escalera tenéis malos aislantes y demasiada humedad; que si disponéis de una cubierta inmensa y espacio para poner places solares y así autoabasteceros e incluso sacar algún dinero…

 

En esa oficina participarían empresas del sector que se pondrían de acuerdo para hacerte una propuesta. Es más, colaborarían entre ellas, algo frecuente en muchos países, y te dirían cómo invertir, con qué ritmo y el tiempo necesario para que tu casa, tu edificio o tu empresa tenga un balance energético neto, o dicho de forma más común, produzca tanta energía como la que gasta. Te imaginas que además la propuesta de rehabilitación hiciese que tu casa o tu centro de trabajo no solo fuesen más eficientes sino más habitables, con más confort, más luz, más accesible, con más espacios abiertos y mejores espacios propios y comunes.

Puestos a imaginar, imagínate que antes de salir de las oficinas te preguntasen cómo quieres financiar la inversión y te diesen un par de opciones. La primera con una inversión directa, y que la segunda opción fuese hacer la rehabilitación energética financiándola con los ahorros que conseguirías. Es decir, que si consigues ahorrar en la factura de la luz y del gas, esos mismos ahorros fuesen los que pagasen la rehabilitación. Los primeros años no pagarías más por el recibo de la luz o del gas, pero una vez amortizada la inversión, tu factura energética se reduciría de forma extraordinaria.

Si eso fuese posible, puedes imaginar que se crearían multitud de puestos de trabajo. Y que las empresas que colaborasen conseguirían no solo la eficiencia sino un sector industrial potente, intensivo en mano de obra, con mucha gente trabajando e innovando en la utilización de algo que es habitual en nuestro país: el viento y el sol. El ahorro, tu ahorro, serviría para generar puestos de trabajo y también para bajar tus facturas, pudiendo destinar ese dinero a otras cosas.

Imagínate… De esta manera, en un tema tan importante como la energía, relevante para tu vida y para la economía, pasarías de mero consumidor a productor y le darías una dimensión ciudadana y comprometida, cambiando la realidad y mejorando tu calidad de vida.

Pero no se trata de imaginar para después resignarse. La responsabilidad de las administraciones es responder a los principales retos de una sociedad. Hoy, la directiva europea sobre la materia nos dice que hay que rehabilitar cada año el 2% del parque inmobiliario, para conseguir, cada 50 años, rehabilitarlo en su conjunto.

Si hoy hay trabas en la legislación estatal a favor de la rehabilitación y el autoconsumo y a la vez hay oportunidades de cambio, hay que aprovechar esas oportunidades y proponer. Los costes de la generación de electricidad fotovoltaica se han reducido enormemente y tenemos una energía de las más caras de Europa (un incremento del 26% desde el inicio de la crisis), tomemos nota. Hoy, mediante los instrumentos de promoción del empleo en manos de los ayuntamientos, junto con la economía colaborativa y con pequeñas y medianas empresas, podrían crearse los ‘front-office’ derivados de estos proyectos. Esto acompañado de productos que financiasen la inversión con pequeños ahorradores o, simplemente, mediante los ahorros que se consiguen en la factura de la luz. Las políticas industriales que se desarrollarían no sólo generarían puestos de trabajo sino un sector industrial puntero y que no se puede deslocalizar. Y algunos sectores empresariales, con una alta factura energética, podrían ver en esta estrategia una oportunidad para no tener que gastar tanto en sus costes asociados al consumo de energía. Si a esto le sumamos ayuntamientos en disposición de tener un operador energético o una distribuidora, esas inversiones tendrían más salidas.

Ahora imagina que esta idea se hace realidad, que puedes bajar tu tarifa energética, invertir en medioambiente y generar ocupación. Todos ganamos. Y la cuestión es por qué no lo hacemos ya. El tiempo pasa y es seguramente a nivel local desde donde mejor se puede responder a un sueño fácilmente materializable.

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